Un niño abordó un avión para viajar a Nueva York, llamando la atención de todos, sube al avión con boleto en mano, busca su asiento y se sentó al lado mío. Se veía un niño educado, seguro e inteligente. Me miró, sonrió, sacó un libro y comenzó a dibujar, pintar y colorear. A pesar de su corta edad, acaso unos 8 años, no presentaba rasgos de ansiedad ni nerviosismo al despegar el avión. El vuelo no fue muy bueno, hubo tormenta y mucha turbulencia. De momento una sacudida fuerte, y todos estaban muy nerviosos, pero el niño mantuvo su calma y serenidad en todo momento ¿Cómo lo hacía?, ¿Por qué su calma? Hasta que una mujer frenética le preguntó;- Niño: ¿no tienes miedo?- "No señora”, contestó el niño y mirando su libro de pintar le dice:- ”Mi padre es el piloto”... A lo largo del camino nos vamos a encontrar con sucesos que nos sacudan como en una turbulencia. Habrá momentos en los que no veremos el terreno sólido y nuestros pies no pisarán lugar seguro. No veremos dónde sostenernos, estaremos inseguros. En esos tiempos hay que recordar que nuestro PADRE es el piloto. A pesar de las circunstancias, nuestras vidas están puestas en el creador. Así que la próxima vez que llegue una tormenta a tu vida o si en este momento estás pasando por una, alza tu mirada al cielo, CONFÍA y di para ti mismo/a: ¡¡Mi PADRE es el piloto!!
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13 de enero de 2014
Un Niño a Bordo
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9 de enero de 2013
Pedaleando
La vida es como andar en bicicleta, te caes, sólo si dejas de pedalear.
Al principio veía a Dios como el que me observaba como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos plazas, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
No sé cuándo sucedió, no me di cuenta cuándo fue que el sugirió que cambiáramos lugares, lo que sí sé es que mi vida no ha sido la misma desde entonces.
Cuando yo tenía el control, yo sabía a dónde iba, era un tanto aburrido pero predecible.
Era la distancia mas corta entre dos puntos.
Pero cuando El tomó el liderazgo, el conocía otros caminos, diferentes, hermosos, por las montañas, a través de paisajes, velocidades increíbles.
Lo único que podía hacer, era sostenerme; aunque pareciera una locura, El sólo me decía: PEDALEA!
Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba: ¿A dónde me llevas? el solo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en él.
Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado", El se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
El me llevó a conocer gente con dones, dondes de sanidad y aceptación, y de gozo.
Ellos me dieron esos dones para llevarlos en nuestro viaje, viaje de dios y mio.
Y allá íbamos otra vez, él me dijo; "comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso" y así lo hice: a la gente que conocimos. Encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.
El sabía cómo doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
Y ahora estoy aprendiendo a callar y a pedalear, por extraños lugares.
Al principio veía a Dios como el que me observaba como un juez que llevaba cuenta de lo que hacía mal, como para ver si merecía el cielo o el infierno cuando muriera.
Parecía como si la vida fuera un viaje en bicicleta, pero era una bici de dos plazas, y noté que Dios viajaba atrás y me ayudaba a pedalear.
No sé cuándo sucedió, no me di cuenta cuándo fue que el sugirió que cambiáramos lugares, lo que sí sé es que mi vida no ha sido la misma desde entonces.
Cuando yo tenía el control, yo sabía a dónde iba, era un tanto aburrido pero predecible.
Era la distancia mas corta entre dos puntos.
Pero cuando El tomó el liderazgo, el conocía otros caminos, diferentes, hermosos, por las montañas, a través de paisajes, velocidades increíbles.
Lo único que podía hacer, era sostenerme; aunque pareciera una locura, El sólo me decía: PEDALEA!
Me preocupaba y ansiosamente le preguntaba: ¿A dónde me llevas? el solo sonreía y no me contestaba, así que comencé a confiar en él.
Me olvidé de mi aburrida vida y comencé una aventura, y cuando yo decía "estoy asustado", El se inclinaba un poco para atrás y tocaba mi mano.
El me llevó a conocer gente con dones, dondes de sanidad y aceptación, y de gozo.
Ellos me dieron esos dones para llevarlos en nuestro viaje, viaje de dios y mio.
Y allá íbamos otra vez, él me dijo; "comparte estos dones, dalos a la gente, son sobrepeso" y así lo hice: a la gente que conocimos. Encontré que en el dar yo recibía y mi carga era ligera.
El sabía cómo doblar para dar vueltas cerradas, brincar para librar obstáculos llenos de piedras, inclusive volar para evitar horribles caminos.
Y ahora estoy aprendiendo a callar y a pedalear, por extraños lugares.
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5 de enero de 2013
Ser Fuerte
Ser fuerte, es amar a alguien en silencio;
Es irradiar felicidad cuando se es infeliz;
Es intentar perdonar a alguien que no merece perdón;
Es esperar cuando no se cree en el retorno;
Es mantenerse en calma en momentos de desesperación;
Es demostrar alegría cuando no se siente;
Es sonreir cuando se desea llorar;
Es hacer a alguien feliz cuando se tiene el corazón hecho pedazos;
Es callar cuando el ideal sería gritar a todos su angustia;
Es consolar cuando se precisa consuelo;
Es elogiar cuando se desea maldecir;
ES TENER FE EN AQUELLO QUE NO SE CREE.
Anónimo
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30 de noviembre de 2012
Sobre la Fe (Paulo Coelho XIII)
Cuenta Sri Ramakrisna que un hombre se aprestaba a cruzar un río cuando el maestro Bibhishana se aproximó, escribió un nombre en una hoja, la ató a la espalda del hombre y le dijo:
- No tengas miedo. Tu fe te ayudará a caminar sobre las aguas. Pero en el instante en que pierdas la fe, te ahogarás.
El hombre confió en Bibhishana y comenzó a caminar sobre las aguas, sin ninguna dificultad, A cierta altura, no obstante, sintió un inmenso deseo de saber lo que su maestro había escrito en la hoja atada a sus espaldas.
La cogió y leyó lo que estaba escrito:
“¡Oh, dios Rama, ayuda a este hombre a cruzar el río”
“¿Sólo esto?”, pensó el hombre. “¿Quien es este dios Rama, al fin y al cabo?”
En el momento en que la duda se instaló en su mente él se sumergió y se ahogó en la corriente.
- No tengas miedo. Tu fe te ayudará a caminar sobre las aguas. Pero en el instante en que pierdas la fe, te ahogarás.
El hombre confió en Bibhishana y comenzó a caminar sobre las aguas, sin ninguna dificultad, A cierta altura, no obstante, sintió un inmenso deseo de saber lo que su maestro había escrito en la hoja atada a sus espaldas.
La cogió y leyó lo que estaba escrito:
“¡Oh, dios Rama, ayuda a este hombre a cruzar el río”
“¿Sólo esto?”, pensó el hombre. “¿Quien es este dios Rama, al fin y al cabo?”
En el momento en que la duda se instaló en su mente él se sumergió y se ahogó en la corriente.
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12 de noviembre de 2012
Fe
Los campos se secaron y se achicarraron por la falta de lluvia, y las cosechas se marchitaban de sed. La gente estaba ansiosa e irritable, mientras buscaba en el cielo alguna señal de alivio. Los días se volvieron áridas semanas. La lluvia no llegaba.
Los ministros de las iglesias locales convocaron a una hora de oración en la plaza del pueblo, para el siguiente sábado inspirarse.
Este sábado al mediodía, la gente del pueblo respondió en masa, llenando la plaza con caras ansiosas y corazones llenos de esperanza. Los ministros se conmovieron al ver la variedad de objetos que los concurrentes traían entre sus piadosas manos:
libros sagrados, cruces, rosarios, Biblias.
Cuando la hora terminó, como si se tratara de un mandato mágico, una suave lluvia comenzó a caer. Las felicitaciones se extendieron entre la multitud, mientras sostenían en alto sus atesorados objetos con gratitud y alabanza.
En el centro de la manifestación, un símbolo de fe pareció ensombrecer a los demás: un niño de nueve años había llevado una sombrilla.
Laverne W. Hall
Los ministros de las iglesias locales convocaron a una hora de oración en la plaza del pueblo, para el siguiente sábado inspirarse.
Este sábado al mediodía, la gente del pueblo respondió en masa, llenando la plaza con caras ansiosas y corazones llenos de esperanza. Los ministros se conmovieron al ver la variedad de objetos que los concurrentes traían entre sus piadosas manos:
libros sagrados, cruces, rosarios, Biblias.
Cuando la hora terminó, como si se tratara de un mandato mágico, una suave lluvia comenzó a caer. Las felicitaciones se extendieron entre la multitud, mientras sostenían en alto sus atesorados objetos con gratitud y alabanza.
En el centro de la manifestación, un símbolo de fe pareció ensombrecer a los demás: un niño de nueve años había llevado una sombrilla.
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