2 de noviembre de 2012

Sufrimiento (René Trossero)


Es posible que nada te cause tantos sufrimientos
como tu miedo de sufrir.

Por temor de sufrir tu soledad, sufres el tormento
de una mala compañía.

Por temor de sufrir el corte de una relación, sufres
por años el infierno de una mala pareja.

Por temor de sufrir el peso de las responsabilidades
del adulto, sufres de por vida el pesar de obrar
como un niño inválido.

Por temor de sufrir a causa de tus errores, sufres
las consecuencias del terrible error de no
comprometerte ni jugarte nunca.

Por temor de sufrir el rechazo de los otros, sufres
en tu soledad y tu aislamiento sin nunca salir hacia
el encuentro.

Por temor de sufrir el que alguien no te quiera,
sufres por comportarte tan huidiza o posesivamente,
que logras que todos huyan y te dejen solo.

Por temor de sufrir una relación sexual no bien
lograda, sufres por años la castración de una
impotencia impuesta.

Por temor de sufrir en el infierno, sufres un
infierno anticipado impidiéndote vivir en plenitud y
libertad.

Por temor de sufrir el fracasar en tus empresas,
sufres el terrible fracaso de no emprender ninguna.

Por temor de sufrir el verte sin dinero, sufres por
no disfrutar del dinero que hoy tienes.

Por temor de sufrir la alienación capitalista,
sufres resignado la esclavitud comunista, y por
temor de sufrir el demonio marxista, sufres paciente
el infierno capitalista.

Por temor de sufrir porque tu hijo dé un mal paso,
sufres la pena de verlo sobreprotegido e inmaduro,
incapaz de dar un paso.

Por temor de sufrir la perdida del hijo cuando
crece, sufres por verlo a tu lado fracasado.

Por temor de sufrir la despedida de tus muertos,
sufres el dolor interminable de las muertes no
aceptadas.

El temor sano al sufrimiento es una señal de alarma,
que suena a tiempo para que evites el dolor
innecesario, el temor enfermo al sufrimiento es una
alarma que suena siempre, te impide vivir y te causa
sufrimientos evitables.

René Trossero
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1 de noviembre de 2012

La Rutina (René Trossero)




La rutina no es una consecuencia necesaria de lo
acostumbrado y repetido, sino de lo que se vive sin
apasionamiento; y los que aman viven apasionadamente
lo repetido y acostumbrado.

No se vence y supera la rutina cambiando de lugar o
de actividad, sino cambiando la actitud ante la
vida.

La rutina no es un resultado necesario del tiempo
que transcurre, sino de tu modo de vivir y de sentir
lo que vives. ¡Los árboles viejos también florecen y
tienen primaveras!

La rutina no está en las cosas, sino en tu corazón.

No es la rutina la que mata el amor en las parejas,
sino la falta de amor la que hace rutinaria la
convivencia.

El árbol se desnuda en el otoño y se viste en
primavera. Siempre lo mismo. ¡Siempre la vida! Y la
vida nunca es rutinaria...

Las personas rutinarias se aburren de todo. Los
apasionados lo viven todo intensamente.

René Trossero
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Luz y Camino (René Trossero)



No dejes de marchar cuando no hay camino, deja que
tus pies abran el tuyo; ni te detengas cuando se ha
hecho oscuro, ilumina tu andar con la luz que hay en
tí mismo.

La oscuridad más terrible no es la que te rodea,
sino la que te habita;
y la luz más bella no es la que te ilumina desde
afuera, sino la que asoma en tus ojos, desde
adentro.

No exijas más luz que la necesaria para ver lo
necesario, ni más camino que para andar esta
jornada.

El camino más malo no es tan malo, si por él vas a
tu meta; y el camino más bueno no es tan bueno, si
por él no llegas a destino.

No sabrás si hay luz
mientras tus ojos no se hayan abierto;
ni sabrás si hay camino
mientras tus pies no hayan andado.

Si arde encendida la lámpara de tu interior,
caminarás en la luz en medio de tinieblas;
si tu lámpara interior se apaga, en medio de la luz
caminarás a oscuras.

René Trossero
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31 de octubre de 2012

En tu Vida



No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie, porque fundamentalmente tú has hecho tu vida.

Acepta la responsabilidad de edificarte a tí mismo, y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar otra vez, corrigiéndote.

Nuca te quejes del ambiente ó de quienes te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer. Las circunstancias son buenas ó malas según la voluntad ó la fortaleza de tu corazón.

Aprende a convertir toda situación difícil en una arma para luchar.

No te quejes de tu pobreza, de tu soledad ó de tu suerte, enfréntate con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos, y la prueba que has de ganar.

No te amargues de tu propio fracaso, ni se lo cargues a otro, acéptate ahora ó seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar, y que ninguno es tan terrible para claudicar.

Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso.

Si tu has sido el ignorante, el irresponsable, tú, únicamente tú, nadie pudo haber sido tú.

No olvides nunca, que la causa de tu presencia es tu pasado, como la causa de tu futuro es tu presente.

Aprende de los fuertes, de los valientes, de los audaces, imita a los enérgicos, a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo.

Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo, y tus problemas sin alimento morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande, que es el más grande de los obstáculos.

Mírate en el espejo de ti mismo.

Comienza a ser sincero contigo mismo, reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte.

Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo; reconociéndote a tí mismo más libre y más fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias, porque tú mismo eres tu destino.

Levántate y mira por las mañanas, y respira la luz del amanecer.

Tú eres la parte de la fuerza de la vida.

Ahora despierta, camina, lucha.

Decídete de una vez y triunfarás en la vida.
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Los Peregrinos



Hoy les comparto esta bella canción de Horacio Ferrer, cantada por Jairo.
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30 de octubre de 2012

Cada vez..



Cada vez que cortas una flor para poseerla, ya empiezas a perderla.
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29 de octubre de 2012

Decálogo Para Vivir Mejor (René Trossero)



1- ACEPTA LA REALIDAD
No la niegues con ilusiones vanas, ni la agrandes con fantasías catastróficas. Esas son dos tentaciones ante lo difícil y doloroso de la vida.
Dos tentaciones paralizantes; porque si nada malo te desafía, nada tienes que hacer para encararlo, y si lo que sucede es tan tremendo, ya no vale la pena hacer nada.

 2- SUFRE CON VALOR Y REALISMO
No niegues ni calles tu dolor y tu enojo, ni aumentes tu sufrimiento imaginando lo malo que aún no sucedió y tal vez nunca suceda.
La queja y el lamento tienen su valor como desahogo… ¡ En su medida!
El dolor sano , despierta tu capacidad de re-accionar, y el enojo, la rabia, surgen para que afrontes la dificultad.

 3- VALORA LA SITUACIÓN COMO UN DESAFÍO Y UNA OPORTUNIDAD
 No mires tus “tiempos malos” , como una amenaza que va a destruirte. Míralos como un desafío y una oportunidad para crecer, para que seas más y mejor tú mismo.

4- APRENDE A PERDER SIN PERDERTE TÚ MISMO
En la gran apuesta de la vida, lo importante no es ganar o perder cosas, sino ganarte o perderte a ti mismo.
Perder “cosas”, “lo que tienes”, puede ser doloroso, pero es una oportunidad para que valores lo que eres, un desafío a que te mires a ti mismo.

5- LUCHA CON VALENTÍA Y CON INTELIGENCIA
Cuando los “ tiempos son malos” , la reacción sana está en que luches para cambiar lo que se puede…Ni rebelarte encaprichado, ni resignarte resentido porque no todo es posible, te conducirá a salir ganando.
En la lucha creces tú  como persona, aunque no logres el objetivo de tu esfuerzo.

6- RECONOCE Y AGRADECE LO QUE TIENES
Es de necio dejar de ver, de valorar y de disfrutar lo que se tiene, para llorar y lamentar lo que no se tiene o lo que se perdió.
Muchas veces nos hace bien perder algo de lo que tenemos, para valorar mejor lo que somos y lo que aún nos queda.

 7- MIRA A LOS OTROS Y AMA A TUS HERMANOS
No dejes que el dolor, te encierre en ti mismo.
Si miras a tu alrededor, verás que honestas solo en el naufragio, y comprenderás, que ayudando a otros a salvarse, tú también llegas antes a la orilla.
No compares sólo “para arriba”, compara “para abajo”, mirando a los que tienen menos o perdieron más.

8- ESPERA CON PACIENCIA Y CON ESPERANZA

No te impacientes como un niño que lo quiere “ todo y ya”. Aprende a postergar, a contar con el tiempo. Espera con paciencia.
Aprende a esperar con esperanza.
Y la esperanza más hermosa es la que nace en las situaciones más desesperantes.
La esperanza, hecha carne en tu vida, te ayuda a vivir de otra manera, a ser de otro modo…La esperanza como el amor, es un bien y un valor en sí misma, un bien de la persona.

9- PERDONA, SI LOS HAY, A LOS CULPABLES DE TUS MALES
No ganas nada, y pierdes el tiempo, buscando culpables de tus males, en Dios, en los otros, en el destino. El odio y el rencor envenenan el alma y paralizan tu capacidad creativa para reaccionar sanamente ante tus problemas, disminuyendo tus energías y haciendo que eludas o postergues encarar tu responsabilidad.

10- ORA A TU DIOS, SI LO TIENES
 Pero no lo hagas infantilmente, pidiéndole que venga en tu auxilio con un milagro, resolviéndote como a un niño los problemas.
Pídeles, creyendo que no viene como un mago, desde afuera, sino que te sostiene desde adentro, para que te juegues con responsabilidad ante la vida.

René Trossero
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28 de octubre de 2012

Desiderata



Escucha entonces la sabiduría del sabio:

“Camina plácidamente entre el ruido y las prisas,

y recuerda que la paz puede encontrarse en el silencio.

Mantén buenas relaciones con todos en tanto te sea posible, pero sin transigir.

Di tu verdad tranquila y claramente;

Y escucha a los demás,

incluso al torpe y al ignorante.

Ellos también tienen su historia.

Evita las personas ruidosas y agresivas,

pues son vejaciones para el espíritu.

Si te comparas con los demás,

puedes volverte vanidoso y amargado

porque siempre habrá personas más grandes o más pequeñas que tú.

Disfruta de tus logros, así como de tus planes.

Interésate en tu propia carrera,

por muy humilde que sea;

es un verdadero tesoro en las cambiantes visicitudes del tiempo.

Sé cauto en tus negocios,

porque el mundo está lleno de engaños.

Pero no por esto te ciegues a la virtud que puedas encontrar;

mucha gente lucha por altos ideales

y en todas partes la vida está llena de heroísmo.

Sé tu mismo.

Especialmente no finjas afectos.

Tampoco seas cínico respecto al amor,

porque frente a toda aridez y desencanto,

el amor es tan perenne como la hierba.

Acepta con cariño el consejo de los años,

renunciando con elegancia a las cosas de juventud.

Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en la inesperada desgracia,

pero no te angusties con fantasías.

Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad.

Más allá de una sana disciplina,

sé amable contigo mismo.

Eres una criatura del universo,

al igual que los árboles y las estrellas;

tienes derecho a estar aquí.

Y, te resulte o no evidente,

sin duda el universo se desenvuelve como debe.

Por lo tanto, mantente en paz con Dios,

de cualquier modo que Le concibas,

y cualesquiera sean tus trabajos y aspiraciones,

mantente en paz con tu alma

en la ruidosa confusión de la vida.

Aún con todas sus farsas, cargas y sueños rotos,

éste sigue siendo un hermoso mundo.

Ten cuidado y esfuérzate en ser feliz”.
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27 de octubre de 2012

No es lo Mismo (René Trossero)


No es lo mismo ser bueno,
que ser incapaz de ser malo.
No es lo mismo ser pacífico,
que ser cobarde.
No es lo mismo ser casto,
que ser impotente o reprimido.
No es lo mismo ser creyente,
que “practicar” algunos ritos religiosos.
No es lo mismo ser patriota,
que odiar a los extranjeros.
No es lo mismo ser humilde,
que ser incapaz de valorarte a ti mismo.
No es lo mismo perdonar,
que dejarte pisotear, incapaz de defenderte.
No es lo mismo ser generoso,
que dar una limosna para sentirte bueno.
No es lo mismo ser adultamente libre,
que ser adolescentemente rebelde.
No es lo mismo vivir con libertad tu sexualidad,
que ser esclavo de tus “instintos”.
No es lo mismo amar a tus padres,
que necesitarlos cuando ya no los necesitas.
No es lo mismo estar al servicio del prójimo,
que servirte del prójimo para parecer virtuoso.
No es lo mismo creer en Dios, que es la verdad,
que sentirte dueño de la verdad
y Dios para juzgar y condenar a los otros.

René Trossero
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Un Guerrero Sabe


Todos los caminos del mundo llevan hasta el corazón del Guerrero; él se zambulle sin vacilar en el río de las pasiones que siempre corre por su vida.

El Guerrero sabe que es libre para elegir lo que desee; sus decisiones son tomadas con valor, desprendimiento y -a veces- con una cierta dosis de locura.

Acepta sus pasiones y las disfruta intensamente. Sabe que no es necesario renunciar al entusiasmo de las conquistas; ellas forman parte de la vida y alegran a todos los que en ella participan.

Pero jamás pierde de vista las cosas duraderas, y los lazos creados con solidez a través del tiempo.
Un Guerrero de la Luz, sabe distinguir lo que es pasajero de lo que es definitivo.

Manual del Guerrero de la Luz
Paulo Coelho

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26 de octubre de 2012

Día a día



Vence al odio con la No - violencia

Derrota la maldad con la Bondad

Conquista al avaro con un Regalo

Y a un mentiroso .. con la Verdad
 

Buda
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Mariposas


Porque siempre es bueno recordar, que las mariposas, PRIMERO, fueron orugas..
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21 de octubre de 2012

Historia de un Guerrero



-En la playa al este de la aldea, existe una isla, con un gigantesco templo lleno de campanas -dijo la mujer.

El niño reparó que ella vestía ropas extrañas y llevaba un velo cubriendo sus cabellos. Nunca la había visto antes.

-¿Tu ya lo conoces? -preguntó ella-. Ve allá y cuéntame qué te parece.

Seducido por la belleza de la mujer, el niño fue hasta el lugar indicado. Se sentó en la arena y contempló el horizonte, pero no vio nada diferente de lo que estaba acostumbrado a ver: el cielo azul y el océano.

Decepcionado, camino hasta un pueblecito de pescadores vecino, y preguntó sobre una isla con un templo.

-Ah, eso fue hace mucho tiempo, en la época en que mis bisabuelos vivían aquí --dijo un viejo pescador-. Hubo un terremoto y la isla se hundió en el mar. Sin embargo, aun cuando no podamos ya ver la isla, aún escuchamos las campanas de su templo, cuando el mar las agita en su fondo.

El niño regresó a la playa e intentó oir las campanas. Pasó la tarde entera allí, pero sólo consiguió oir el ruido de las olas y los gritos de las gaviotas.

Cuando la noche llegó, sus padres vinieron a buscarlo. A la mañana siguiente, él volvió a la playa; no podía creer que una bella mujer pudiese contar mentiras. Si algún día ella regresaba, él podría decirle que no había visto la isla, pero que había escuchado las campanas del templo que el movimiento del agua hacía que sonasen.

Así pasaron muchos meses; la mujer no regresó, y el chico la olvidó; ahora estaba convencido de que tenía que descubrir las riquezas y tesoros del templo sumergido. Si escuchase las campanas, sabría su localización y podría rescatar el tesoro allí escondido.

Ya no se interesaba más por la escuela, ni por su grupo de amigos. Se transformó en el objeto de burla preferido de los otros niños, que acostumbraban a decir: “Ya no es como nosotros, prefiere quedarse mirando el mar porque tiene miedo de perder en nuestros juegos”.

Y todos se reían, viendo al niño sentado en la orilla de la playa.

Aun cuando no consiguiese escuchar las viejas campanas del templo, el niño iba aprendiendo cosas diferentes. Comenzó a percibir que, de tanto oir el ruido de las olas, ya no se dejaba distraer por ellas. Poco tiempo después, se acostumbró también a los gritos de las gaviotas, al zumbido de las abejas y al del viento golpeando en las hojas de las palmeras.

Seis meses después de su primera conversación con la mujer, el niño ya era capaz de no distraerse por ningún ruido, aunque seguía sin escuchar las campanas del templo sumergido.

Otros pescadores venían a hablar con él y le insistían: -¡Nosotros las oímos! –decían.

Pero el chico no lo conseguía.

Algún tiempo después, los pescadores cambiaron su actitud.

-Estás demasiado preocupado por el ruido de las campanas sumergidas, olvídate de ellas y vuelve a jugar con tus amigos. Puede ser que sólo los pescadores consigamos escucharlas.

Después de casi un año, el niño pensó: “Tal vez estos hombres tengan razón. Es mejor crecer, hacerme pescador y volver todas las mañanas a esta playa, porque he llegado a aficionarme a ella”. Y pensó también: “Quizá todo esto sea una leyenda y, con el terremoto, las campanas se hayan roto y jamás vuelvan a tocar.”

Aquella tarde, resolvió volver a su casa.

Se aproximó al océano para despedirse. Contempló una vez más la Naturaleza y, como ya no estaba preocupado con las campanas, pudo sonreir con la belleza del canto de las gaviotas, el ruido del mar, el viento golpeando las hojas de las palmeras. Escuchó a lo lejos la voz de sus amigos jugando, y sintióse alegre por saber que pronto regresaría a sus juegos infantiles.

El niño estaba contento y -en la forma en que sólo un niño sabe hacerlo- agradeció el estar vivo. Estaba seguro de que no había perdido su tiempo, pues había aprendido a contemplar y a reverenciar a la Naturaleza.

Entonces, porque escuchaba el mar, las gaviotas, el viento en las hojas de las palmeras y las voces de sus amigos jugando, oyó también la primera campana.

Y después otra.

Y otra más, hasta que todas las campanas del templo sumergido tocaron, para su alegría.

Años después, siendo ya un hombre, regresó a la aldea y a la playa de su infancia. No pretendía rescatar ningún tesoro del fondo del mar; tal vez todo aquello había sido fruto de su imaginación, y jamás había escuchado las campanas sumergidas en una tarde perdida de su infancia. Aun así, resolvió pasear un poco para oir el ruido del viento y el canto de las gaviotas.

Cual no sería su sorpresa al ver, sentada en la arena, a la mujer que le había hablado de la isla con su templo.

-¿Qué hace usted aquí? -preguntó.

-Esperar por ti -respondió ella.

El se fijo en que, aunque habían transcurrido muchos años, la mujer conservaba la misma apariencia: el velo que escondía sus cabellos no parecía descolorido por el tiempo.

Ella le ofreció un cuaderno azul, con las hojas en blanco.

-Escribe: un guerrero de luz presta atención a los ojos de un niño. Porque ellos saben ver el mundo sin amargura. Cuando él desea saber si la persona que está a su lado es digna de confianza, procura verla como lo haría un niño.

-¿Qué es un guerrero de luz?

-Tú lo sabes -respondió ella, sonriendo-. Es aquel que es capaz de entender el milagro de la vida, luchar hasta el final por algo en lo que cree, y entonces, escuchar las campanas que el mar hace sonar en su lecho.

El jamás se había creído un guerrero de luz. La mujer pareció adivinar su pensamiento.

-Todos son capaces de esto. Y nadie se considera un guerrero de luz, aun cuando todos lo sean.

El miró las páginas del cuaderno. La mujer sonrió de nuevo.

-Escribe sobre el guerrero -le dijo.

Ya era de noche, cuando ella acabó de hablar. Los dos se quedaron mirando a la luna que nacía.

-Muchas cosas de las que me has dicho se contradicen entre sí -dijo él.

Ella se levantó y le contestó:

-Adios. Tú sabías que las campanas del fondo del mar no eran una leyenda; pero sólo fuiste capaz de escucharlas cuando percibiste que el viento, las gaviotas, el rumor de las hojas de palmera, todo aquello formaba parte del tañido de las campanas.

“De la misma manera, el guerrero de la luz sabe que todo lo que lo rodea -sus victorias, sus derrotas, su entusiasmo y su desánimo- forman parte de su Buen Combate. Y sabrá usar la estrategia adecuada en el momento en que la necesite. Un guerrero no procura ser coherente; él aprende a vivir con sus contradicciones.

-¿Quién eres? -preguntó.

Pero la mujer se alejaba, caminado sobre las olas, en dirección hacía la luna naciente.

“Los guerreros de la luz a menudo se preguntan qué están haciendo aquí, y muchas veces piensan que sus vidas no tienen sentido. Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan. Porque preguntan. Porque continúan buscando un sentido a la vida. Y porque acabarán encontrándolo.”

Manual del Guerrero de la Luz
Paulo Coelho
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